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El fin de las fiestas (tal y como las conocimos)

El fin de las fiestas (tal y como las conocimos)

 

El periodo que abarcan los años 1980 a 1985 se caracterizó por una serie de circunstancias que iban a poner en tela de juicio la misma supervivencia de la Peña.

 

Los comentarios referidos a esta época por algunos de sus protagonistas denotan una sensación de crisis, de cierto retraimiento. No es fácil establecer las causas pero sí que podemos constatar un descenso de las actividades culturales y extra-festivas. Son años en que la Peña se limita a hacerse notar durante las Fiestas, de forma muy significativa en las de 1984, con un apretado programa de actos con motivo del Décimo Aniversario (Fuegos pirotécnicos, diversas atracciones para niños y mayores, contratación de varias orquestas y grupos folclóricos, comida-homenaje a personajes populares arnedanos). Pero a pesar de todo este bombo y platillo, algunos peñistas recuerdan una sensación de cierto envejecimiento de la Peña, o más bien de las personas más implicadas en su dirección. Se recuerda asimismo la salida de algunas cuadrillas significativas. Para otros sobreviene el desinterés y cierto desencanto al imponerse la visión meramente festiva de la Peña, el olvido al que se quiere condenar su impulso cultural y reivindicativo de la época anterior. Incluso hay quienes hablan de “burocratización”, en el sentido de pérdida de contacto entre los peñistas, de esos lazos de unidad que fueron la base de su fundación. Por encima de todos esos comentarios subyacen los eternos problemas que conlleva la manifestación y la retirada lógica y natural de los peñistas más veteranos.

 

Pero hay más cosas que contemplar en estos años: se están produciendo cambios importantes en la sociedad arnedana, al igual que en todo el Estado pero con algunos matices locales dignos de mencionar. El dinamismo de Arnedo en los años sesenta y setenta está perdiendo gas. El gran crecimiento industrial y demográfico anterior ralentiza, es frenado por la crisis económica que se hace notar en la industria del calzado desde 1979 y por las tendencias demográficas modernas: fuerte caída de la natalidad, aumento de la soltería, envejecimiento lento pero progresivo, en suma. En este sentido repercute muy seriamente la emigración de jóvenes por el alto índice de paro juvenil como por la falta de posibilidades profesionales para diplomados y licenciados. La sociedad arnedana se preocupó en las décadas anteriores solamente por un desarrollo cuantitativo que produjo una falsa sensación de seguridad y poderío entre sus gentes, una mentalidad localista y chovinista, ferozmente alimentada por el imprudente triunfalismo de que hacían gala algunos voceros empresariales y asumido sin pudor por la clase trabajadora. Los desequilibrios producidos por el desinterés recurrente hacia los aspectos cualitativos (la escasez de servicios, fundamentalmente) estaban pasando factura.

 

La Peña Lubumbas estaba perdiendo fuelle porque la juventud de estos primeros ochenta había perdido el tirón que tuvo en los años de la transición política. El desencanto, el desprecio paulatino de las aspiraciones reivindicativas se abre paso entre la juventud y se añaden actitudes evasivas (es la época de los “pasotas”), búsqueda de otros estímulos (los paraísos artificiales que aportan las drogas) y nuevas alternativas de alterne y diversión (la implantación de los disco-bares o “pubs” y la nueva música pop). Pero también hay otras causas: la sociedad es más moderna en el sentido desarrollista, los jóvenes trabajan menos y más tarde, sin olvidar el ocio forzoso que supone el desempleo. Todo esto hace que las Fiestas sean algo menos relevantes en la mentalidad de los más jóvenes o, por lo menos, es una tendencia que ya comienza a sentirse. Lubumbas (y las demás peñas en general), sin dejar de hacerse notar, van perdiendo protagonismo y dejan de ser durante algún tiempo el alma de las Fiestas y sus principales animadores.

 

Durante estos años van a tener unos duros competidores: al principio la nueva Discoteca Sendero (tras el incendio del verano de 1981) y más adelante los disco-bares o pubs. La proliferación de este tipo de establecimientos durante toda la década se puede comparar con la siguientes datos generales: si en 1980 el número de bares y cafeterías era de 29, aumentará a 42 en 1985 y a 50 en 1990 (datos del Archivo Municipal). Proliferación y concentración en una calle (rebautizada por estos años como Libertad), que se constituye en el centro incuestionable de la fiesta, tanto los fines de semana como durante la Semana Grande y que conlleva la gran decadencia de los tradicionales chamizos.

 

Podemos establecer que después de las fiestas de 1984 se va a producir la reacción de la Peña Lubumbas. A partir de 1985 y de la mano de algunos peñistas veteranos se va a producir el acercamiento de una nueva generación a la dirección y gestión de la Peña. De manera que se puede hablar de un feliz relevo generacional durante esta segunda mitad de los años 80, y digo feliz porque hay quienes opinan que en algún momento se llegó a pensar que la Peña Lubumbas dejaría de existir.

De estos años es de destacar la nueva política de acercamiento a las otras peñas, algo que se había dejado en los años anteriores, años de gran competencia entre todas y que supuso la desaparición de alguna (Peña Sendero). Reconstruir el protagonismo de las peñas obliga a la unidad de todas ellas, a la celebración de actos conjuntos como recitales, espectáculos en el coso taurino (Fort Peñas, 1986). Asimismo recordaremos de esta época los esfuerzos realizados en aras de estrechar los lazos entre las cuadrillas de peñistas, llamémosles actos internos de la Peña Lubumbas.

 

Pero hay un hecho que va a ser clave durante esta época por cuanto va a tener de simbolismo de refundación: el “Lubumbar” de las Fiestas de 1989. El ambiente seguía estando en manos de los “Pubs” y centrado en la calle Libertad pero se observaba cierto cansancio. Estalló la polémica cuando se conoció que Lubumbas tenía la intención de abrir un local inmenso (el de la antigua cafetería Rayma) y pretendía rebajar los precios. Esto acarreó una ruptura con las demás peñas, Tao y La Chispa y fuertes discusiones con los bares ante lo que consideraban un ataque frontal contra su monopolio. Conviene puntualizar que el Lubumbar fue una iniciativa de ciertos peñistas ajenos a la directiva. Pero eso no fue obstáculo para que la mayoría de ellos se volcara en el asunto. El enorme esfuerzo realizado en el acondicionamiento del local supuso una auténtica terapia de unidad entre las diferentes cuadrillas que además se fueron turnando en la gestión del local cada uno de los días de las Fiestas. El enorme éxito de la experiencia no dio lugar a una segunda parte al año siguiente pero sí sirvió para revitalizar a la Peña y para sacar un montón de conclusiones de cara al futuro.

 

 

Con la entrada en los años noventa se va a precipitar definitivamente el tan ansiado relevo generacional del que antes hemos hablado. A principios de esta década se pudo descubrir como las cuadrillas que cada día de las fiestas se responsabilizaban de la Peña por turnos eran prácticamente las mismas que diez años antes. De ahí que los más antiguos estuvieran pidiendo a gritos el relevo, la entrada de nuevos y jóvenes peñistas en las tareas de responsabilidad. Para que esto ocurriera así, fue determinante el esfuerzo que la Peña venía haciendo desde años atrás por recobrar algunas cotas de protagonismo perdido. Desde hacía tiempo, Lubumbas trataba de aclimatarse a las nuevas costumbres de la juventud. Durante los años ochenta las fiestas se habían ido alargando en las horas nocturnas hasta empalmar con las vaquillas del mediodía, en detrimento como bien sabemos del tradicional encierro, cada vez más convertido en un espectáculo para adultos. La Peña observa que la juventud demanda nuevos actos por la mañana y nada mejor que instaurar los ahora tradicionales almuerzos de la sede.

 

En 1992, el año de la Expo y las Olimpiadas, es también el año en que los efectos de la crisis económica se hacen notar más. Los repetidos cierres de empresas desde mediados de la década anterior han afectado de tal manera que se nota muchísimo en el ambiente juvenil. Cierra la discoteca Sendero y la calle Libertad ya no es lo que era antes en los fines de semana. Se nota la “ligereza del bolsillo” y un síntoma clarísimo de estos años es la revitalización de los chamizos durante las fiestas, sin duda por su sentido “económico”. Y la Peña responde ante los nuevos tiempos decidida a impulsar también su sede en el mismo sentido que los chamizos.

 

Lubumbas y las demás peñas se vuelcan en esta dirección de dinamizar su propio local organizando todas las noches fiestas variadas: de la cerveza, del calimocho, de cócteles, etc... En este sentido se enmarca la decisión de cambiar el local que funcionaba como sede desde 1977 en la calle Royo por uno más grande , el actual en la calle Palacio, abierto en 1995, y su adecuación para tales menesteres: compra de equipos de sonido y altavoces.

 

La nueva dirección de Lubumbas, a partir de 1992, vuelve a retomar la idea de la Peña como asociación. Se procederá a su legalización con la redacción de estatutos, en función de las nuevas exigencias para acceder a las subvenciones públicas. Pero además hay interés en funcionar todo el año. Todo esto devuelve la ilusión de las nuevas generaciones por la Peña. Se hacen reuniones semanales y se piensa en reunir a la gente en la sede en torno a campeonatos de juegos de mesa, futbolín, ping-pong, mus.

 

De estos últimos años recordaremos: La Primera Fiesta de la Espuma de 1991. La organización desde 1992 del Concurso de Pancartas para elegir a la persona encargada de su realización. El concierto de rock con Piperrak y Cicatriz del año 1992 en la Plaza de Toros. El festival de música folk del día 8 de Septiembre de 1992, con las actuaciones de Ixo-rai, Cantoblanco y Ruavieja. El concierto de rock organizado en la Plaza de Vico, conjuntamente con los bares del casco antiguo en Marzo de 1993. El nuevo certamen de música folk de este mismo año 1993 con los grupos: Musicax (de Galicia), Primera Nota (de Cataluña) y de nuevo los locales Cantoblanco. La creación del Grupo de Teatro Lubumbas en 1994 y sus diversas actuaciones. La inauguración de la nueva sede de la Peña en la calle Palacio en 1995. La celebración de Cafés-Concierto y otras muchas ideas que se han quedado en el tintero o que esperan una mejor ocasión.