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¡Hay que educar a las peñas!

¡Hay que educar a las Peñas!

 

Los primeros años ochenta vieron llegar a su punto álgido a la Feria de las Novilladas y su trofeo Zapato de Oro. Como ya se sabe, la confluencia de intereses de la afición taurina local con los industriales del calzado había dado a luz un trofeo taurino que con el paso de los años había amasado un gran presitigio y proyección nacional. La celebración de la Feria atrae durante las fiestas a numerosos críticos taurinos de nivel regional y nacional. Arnedo y su feria aparecen en todos los medios de comunicación y el impacto que producen en la ciudad dará lugar al choque de sensibilidades. El hecho de que Arnedo salga por la televisión eleva la importancia de la parcela taurina de las fiestas patronales hasta el punto de que los grupos más comprometidos con la Feria de las Novilladas y su Trofeo traten de situarlos como el centro de la fiesta popular, que lo taurino brille por encima de todo lo demás. Esta intención se encontrará de frente con la visión festiva y desinhibida de las peñas, manifestándose de manera explícita en el coso taurino. Los tendidos se dividen entre el jolgorio de unos y el silencio de otros. Los más taurinos, espoleados por algunos críticos, sueñan con convertir la Plaza de Toros de Arnedo en una pequeña Maestranza, pero eso es imposible porque las peñas, igualmente sostenedoras de la Feria, prefieren mirar a San Fermín.

 

Así comenzaron los ataques a las peñas por parte de los críticos taurinos, primero los regionales y después los nacionales. Fue por aquel entonces cuando alguna persona, en el transcurso de una de las entonces multitudinarias charlas taurinas, soltó aquella frase de ¡hay que educar a las peñas!, en pleno frenesí reaccionario. Pero además, alguien confundió la tradicional hospitalidad arnedana con el servilismo peloteril de que era objeto y puso tanto énfasis en el tema que se pasó de la raya. La Peña Lubumbas se decidió a intervenir cuando conoció que los contenidos de algunos artículos de prensa no solamente arreciaban sus ataques contra los peñistas sino también contra el pueblo de Arnedo (Fiestas de 1982). Lubumbas cruzó unas palabras de forma amistosa con los críticos nacionales en el callejón de la Plaza de Toros donde “dejaron las cosas claras”. En otra ocasión, el propio pueblo de Arnedo dio su parecer al hacer abandonar la plaza entre abucheos a algún crítico regional.