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La fiesta

 
Del escaso tiempo de ocio nos interesa detenernos un momento en las vacaciones. Mayoritariamente, los arnedanos dividían su temporada vacacional entre los días de verano en la costa o la sierra de Soria y la semana de fiestas patronales de fines de septiembre. Los jóvenes utilizaban la temporada en la costa para “tomar contacto con el mundo exterior”. Las fiestas patronales de septiembre eran las fechas más esperadas del año por la juventud arnedana de aquella época. Los entonces seis días que duraban se vivían con intensidad y servían de válvula de escape para una comunidad que apenas tenía tiempo de pensar en algo que no fuese el trabajo durante el resto del año. Para los jóvenes significaba romper con todas las normas y estrecheces de la mentalidad católica-reaccionaria imperante y crear un marco donde poder desarrollar sus inquietudes. Los innumerables chamizos eran la prueba de todo esto; desperdigados por el casco antiguo, eran guateques profusamente decorados con la estética pop psicodélica de la década anterior y donde se escuchaba música a la vez que se servía “zurracapote”, se bailaba y se manifestaban los primeros escarceos amorosos. Cada uno de ellos llevaba el nombre de una cuadrilla: Los Incas, Unión Joven, Los Clavos, Los Duques, Chalecos, Molino Rojo, Los Condes, etc…
 
Pero además de este ambiente subterráneo disperso existía ya un lugar de concentración de la juventud, era el denominado por los mayores “Baile de los jóvenes” un “macrochamizo” que reunía a todas las cuadrillas en dos sesiones de baile con orquesta, antes y después de media noche. Este lugar, que ya se llamaba Sendero Club, era una de las realizaciones más importantes de la juventud arnedana. Fue fundado por los jóvenes de los años sesenta, por la generación que había nacido en plena posguerra. En 1970 ya tenía su propio local en las afueras de la ciudad, en el término municipal de donde toma su nombre, y durante todo el año reunía a los jóvenes, sobre todo en la sesión de baile de los domingos, principal actividad de esparcimiento además de los bares y la asidua asistencia a alguna de las salas de cine. La mayor parte de la juventud formaba parte de la Asociación Sendero Club por lo que esta prosperaba muy deprisa, hasta el punto de que en 1975 reconvirtió su mismo local en la primera discoteca, inaugurada precisamente en las fiestas patronales de aquel año.
 
En 1973, en el seno de la juventud arnedana y de la propia Asociación Sendero surgió la idea de crear una peña festiva según el modelo sanferminero. Existía una peña tradicional, la Peña Tao, que animaba la fiesta con clásicos pasacalles en la “subida” y “bajada” de la Plaza de Toros desde su sede social. Pero se creía que “había que sacar más tiempo la música a la calle”, empezando por la medianoche, espacio de tiempo vacío entre las dos sesiones de baile de Sendero Club. Un grupo de jóvenes, socios de Sendero, solicitaron a la Junta Directiva de la Asociación que entre las actividades a programar para esas fiestas  de 1973 se contemplara la posibilidad de que una charanga animase las calles en ese espacio de tiempo. La idea fue muy bien vista y se aprobó la propuesta. La organización de ese acto recayó en manos de los mismos jóvenes que la habían ideado. El éxito de aquel pasacalles fue comentado por toda la ciudad y animó todavía más a los jóvenes precursores para ir más lejos. Además se observó cómo el acto servía para reunir a personas de diferentes cuadrillas, con lo que se veía la posibilidad de crear una “supercuadrilla”.
 
La charanga de 1973 fue el embrión de una pequeña asociación de 36 jóvenes de Arnedo, nacidos en torno a mediados de los cincuenta, que comenzó a reunirse a partir de entonces, una juventud que presentaba unas inquietudes asociativas propias de una sociedad en tránsito hacia el modelo de vida de Europa Occidental. Se establecían relaciones de compañerismo y camaradería, y el ansia juvenil de desarrollo personal se veía posibilitado en un ámbito más libre que el de la familia y más amplio que el de la cuadrilla.
A principios de verano de 1974, en una de aquellas reuniones en los merenderos del Río Cidacos en torno al tradicional “rancho”, se planteará la cuestión de las próximas fiestas patronales y se recordará el éxito de la salida nocturna del año anterior.
Allí se decidirá ampliar la animación del pasacalles a todo el día, constituyendo así una auténtica peña festiva.
Así nació la Peña Lubumbas, cuyo nombre proviene de uno de tantos descubrimientos de los jóvenes arnedanos durante sus vacaciones por la costa mediterránea: uno de los combinados de moda de entonces era llamado Lubumba (batido de chocolate con coñac), que por cierto, procede del apellido de un célebre revolucionario de la independencia del Congo: Patrice Lumumba.
 
Las fiestas patronales de 1974 fueron las primeras de la Peña Lubumbas, cuya sede se encontraba en una bodega del “patio Carreto”.
 

 

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